La oleada de revueltas en el mundo árabe sigue ocupando las portadas de los periódicos esta mañana. Ahora estamos centrados en Libia, porque, al contrario de lo sucedido en Egipto, Gadafi dice que no se va. Y el ejército sigue sus órdenes.
Ante una OTAN incapaz de ponerse de acuerdo sobre qué hacer, Estados Unidos se pone en marcha con su habitual énfasis heroico: God Bless America y los libre de los regímenes dictatoriales. Pero ante ello yo me pregunto si no estaremos ante un nuevo Afganistán. Por lo pronto, y por mucho que diga Gates, ya hay dos buques que a mediados de semana se situarán en la zona, cada uno con más de 2000 marines en su interior.
Se trata, según el Secretario de Defensa, de "facilitar la evacuación y ayuda humanitaria", pero eso choca con el mensaje de Hilary Clinton: "Sabemos que esta violencia debe cesar. Y si podemos tomar medidas que puedan acelerar el fin, debemos tomarlas en consideración". Es complicado escuchar estas palabras de un país que está situando dos buques anfibios en la zona y considerarlas como algo "inocente". No se puede, sin embargo, quitarle razón a la señora Clinton cuando dice que Libia deberá adoptar un régimen democrático o vivir una guerra civil: no hay que sorprenderse de tales declaraciones cuando unos 5000 voluntarios rebeldes reciben adiestramiento militar en Bengasi, según Al Yazira, para marchar sobre Trípoli.
Ante esta falta de acuerdo, cabe sólo esperar una determinación en la ONU y ver si Estados Unidos las respeta. Por lo pronto, Libia ha sido el primer país expulsado del Consejo de Derechos Humanos. Lo que no deja de asombrarme no es que este haya sido obligado a salir, sino que formase parte de dicha institución tratándose de un régimen no democrático.
3.02.2011
5.18.2010
Hiyab y otras cuestiones
Antes que nada, sirva para ilustrar el espíritu de este posteo un chiste que me contaron no hace mucho: Estaban dos amigos visitando unas bodegas en Jerez cuando de repente, uno de ellos, tropezó en una pasarela y cayó en una de las barricas llenas de vino. El amigo, desesperado, gritaba pidiendo auxilio: "Por Dios, echadle una cuerda!!!!", pero en ese momento, desde la barrica, a duras penas, el amigo contestó: "Noooooo!!! Echadme quesitoooooo!!!".
Tras este guiño humorístico, entremos en materia. No hace mucho, comentaba con una buena amiga la oleada de información relativa al uso del velo islámico a partir de la polémica en un centro educativo madrileño con una muchacha que fue expulsada por llevarlo y un grupo de amigas que comenzaron a ponérselo para apoyarla. El debate se ha abierto respecto a si el velo es una imposición, algo retrógrado, un yugo más para la mujer, un atentado contra los derechos humanos... en fin...
Efectivamente, estoy de acuerdo con el hecho de que obligar a la mujer a llevar hiyab, burka, falda larga, falda corta... incluso obligar a cualquiera a vestir de un modo concreto en su vida privada y cotidiana atenta contra la libertad de un@ a dar la imagen que desee. Pero hay que ser consecuente: si defendemos que cada uno vista como le dé la gana, defendemos su libertad para elegir si quiere o no llevar el hiyab, el burka o un crucifijo colgado del cuello.
Otra cosa distinta es la adaptación del individuo a un ámbito colectivo, como puede ser un colegio o un lugar de trabajo: si se lleva uniforme y uno quiere trabajar o estudiar en esa empresa o ese centro educativo hay que respetar la norma. No se puede pedir a un colegio religioso privado que retire un crucifijo de la pared: si no te gusta lo que implica que tu hij@ asista a un centro religioso, llévalo a uno laico. Si la norma del colegio es que no se lleve nada en la cabeza (llámese velo o llámese gorrita de turno), hay que respetarla y la opción b es estudiar en otro centro.
Apelemos al sentido común, pongamos cada cosa en su sitio y no queramos salvar a quien no desea ser salvado, por deplorable que nos parezca, por un triste empecinamiento con las causas que defendemos a título personal; atendamos y entendamos la diversidad, porque hay muchas mujeres sometidas a la forma de vida que se les impone que necesitan y demandan ayuda, pero pienso que quizá deberíamos valorar la idea de respetar también a quien, con libertad, elige la esclavitud.
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