8.05.2020

La tranquilidad del esclavo...

Lo reconozco. No es sencillo digerir el panorama mundial actual. No sabe una dónde mirar para fijar el objetivo del análisis y eso genera cierta parálisis por saturación informativa.

Prometo que he intentado en serio eso de dejar de pensar, aislarme del mundo, no ver informativos ni leer prensa, alejarme de las redes sociales, dejar de preocuparme por el viaje que día a día nos empeñamos en emprender como sociedad para centrarme en el mío propio. Lo intenté llevada por la búsqueda de la sanidad mental y porque me daba la sensación de que aquellos que se mantienen al margen vivían un poco más felices... 

Pero es que no puedo, me hierve el cerebro. Y además, no es verdad que los demás vivan más felices por eso de estar "fuera del sistema", sino que prefieren no pensar en cómo les afecta. Y ojo, que lo entiendo, pero me parece que es como la tranquilidad del esclavo que tiene la conciencia impoluta... pero dista mucho de ser libre. Que decidan otros, que se responsabilicen otros, yo a esto no juego, yo me mantengo al margen... Suena a empoderamiento, a libertad, a portazo... pero lo cierto es que todos vivimos en este mundo y estamos interconectados. Bienvenidos al mundo real: eso de "a mí no me afecta" es una falacia que algunos se tatúan a fuego, quizá porque lo que vemos a nuestro alrededor es demasiado terrible como para mirarlo de frente y con ojos claros. 


Esclavitud
Esclavitud. Foto de archivo AM Quetaro


Así que he desempolvado mi clave de Blogger y me lanzo de nuevo al teclado. Reconozco que no tengo aún bien definido el proyecto, si alguna vez lo estuvo... pero en ello estoy. Al final, la genética periodística se me come con patatas y no puedo negar ni lo que soy, ni lo que pienso ni, muchísimo menos, lo que siento. 

I'm back y... esta vez para quedarme.

3.02.2011

Con Gadafi en las tostadas

La oleada de revueltas en el mundo árabe sigue ocupando las portadas de los periódicos esta mañana. Ahora estamos centrados en Libia, porque, al contrario de lo sucedido en Egipto, Gadafi dice que no se va. Y el ejército sigue sus órdenes.

Ante una OTAN incapaz de ponerse de acuerdo sobre qué hacer, Estados Unidos se pone en marcha con su habitual énfasis heroico: God Bless America y los libre de los regímenes dictatoriales. Pero ante ello yo me pregunto si no estaremos ante un nuevo Afganistán.  Por lo pronto, y por mucho que diga Gates, ya hay dos buques que a mediados de semana se situarán en la zona, cada uno con más de 2000 marines en su interior.

Se trata, según el Secretario de Defensa, de "facilitar la evacuación y ayuda humanitaria", pero eso choca con el mensaje de Hilary Clinton: "Sabemos que esta violencia debe cesar. Y si podemos tomar medidas que puedan acelerar el fin, debemos tomarlas en consideración". Es complicado escuchar estas palabras de un país que está situando dos buques anfibios en la zona y considerarlas como algo "inocente". No se puede, sin embargo, quitarle razón a la señora Clinton cuando dice que Libia deberá adoptar un régimen democrático o vivir una guerra civil: no hay que sorprenderse de tales declaraciones cuando unos 5000 voluntarios rebeldes reciben adiestramiento militar en Bengasi, según Al Yazira, para marchar sobre Trípoli.

Ante esta falta de acuerdo, cabe sólo esperar una determinación en la ONU y ver si Estados Unidos las respeta. Por lo pronto, Libia ha sido el primer país expulsado del Consejo de Derechos Humanos. Lo que no deja de asombrarme no es que este haya sido obligado a salir, sino que formase parte de dicha institución tratándose de un régimen no democrático.

5.18.2010

Hiyab y otras cuestiones

Antes que nada, sirva para ilustrar el espíritu de este posteo un chiste que me contaron no hace mucho: Estaban dos amigos visitando unas bodegas en Jerez cuando de repente, uno de ellos, tropezó en una pasarela y cayó en una de las barricas llenas de vino. El amigo, desesperado, gritaba pidiendo auxilio: "Por Dios, echadle una cuerda!!!!", pero en ese momento, desde la barrica, a duras penas, el amigo contestó: "Noooooo!!! Echadme quesitoooooo!!!".

Tras este guiño humorístico, entremos en materia. No hace mucho, comentaba con una buena amiga la oleada de información relativa al uso del velo islámico a partir de la polémica en un centro educativo madrileño con una muchacha que fue expulsada por llevarlo y un grupo de amigas que comenzaron a ponérselo para apoyarla. El debate se ha abierto respecto a si el velo es una imposición, algo retrógrado, un yugo más para la mujer, un atentado contra los derechos humanos... en fin...

Efectivamente, estoy de acuerdo con el hecho de que obligar a la mujer a llevar hiyab, burka, falda larga, falda corta... incluso obligar a cualquiera a vestir de un modo concreto en su vida privada y cotidiana atenta contra la libertad de un@ a dar la imagen que desee. Pero hay que ser consecuente: si defendemos que cada uno vista como le dé la gana, defendemos su libertad para elegir si quiere o no llevar el hiyab, el burka o un crucifijo colgado del cuello.

Otra cosa distinta es la adaptación del individuo a un ámbito colectivo, como puede ser un colegio o un lugar de trabajo: si se lleva uniforme y uno quiere trabajar o estudiar en esa empresa o ese centro educativo hay que respetar la norma. No se puede pedir a un colegio religioso privado que retire un crucifijo de la pared: si no te gusta lo que implica que tu hij@ asista a un centro religioso, llévalo a uno laico. Si la norma del colegio es que no se lleve nada en la cabeza (llámese velo o llámese gorrita de turno), hay que respetarla y la opción b es estudiar en otro centro.

Apelemos al sentido común, pongamos cada cosa en su sitio y no queramos salvar a quien no desea ser salvado, por deplorable que nos parezca, por un triste empecinamiento con las causas que defendemos a título personal; atendamos y entendamos la diversidad, porque hay muchas mujeres sometidas a la forma de vida que se les impone que necesitan y demandan ayuda, pero pienso que quizá deberíamos valorar la idea de respetar también a quien, con libertad, elige la esclavitud.

3.21.2010

El 18% de la discordia

El engorde del IVA propuesto para Julio se acerca inexorablemente, día a día. Se habla de medidas impopulares, porque a nadie le gusta pagar más por el mismo producto, y las páginas de los periódicos se llenan de análisis* sobre el impacto que el 2% de subida tendrá en las maltrechas economías de los españoles. Particularmente, dudo que notemos en exceso una subida del 2% teniendo en cuenta que supone 2 céntimos por cada euro de compra, 20 céntimos por cada 10 euros de compra, 2 euros por cada 100 de compra, 20 por cada 1000.

Por economía cognitiva, tendemos a pensar en el IVA de forma unitaria y no somos conscientes de que no grava el mismo porcentaje a todos los productos. La alimentación, algo básico cuando pensamos en nuestra cesta de la compra y nuestro bolsillo, en realidad sólo aporta un 7% que ahora va a ser un 8%. Para saber eso, evidentemente, ha que echarle un vistazo a la ley para saber que hay distintos tipos impositivos adscritos al IVA en función del producto de consumo.

El 18 es un número que, de por sí, asusta. Cualquier aumento asusta cuando la economía del hogar medio español está ahogada. Pero lo cierto es que determinadas facciones políticas han manipulado a la población demasiado fácilmente. Es verdad que, respecto a Europa o a otros países, España está en un discreto punto medio. No obstante, comparar sólo porcentajes sería simplista, por lo que tampoco podemos caer en el argumento que esgrime el gobierno para defender la subida. Lo que hay que ver para poder comparar es, en realidad, cómo afecta el iva a los diversos productos.

Efectivamente, un bando nos dirá que Noruega tiene un 25%, pero también tiene tipos reducidos como España y es ahí, en la aplicación de los reducidos donde hay que hacer la comparación: por productos, no por ratio. El otro, argumentará diciendo que EEUU tiene entre el 0 y el 13% en función de cada localidad, a lo que cualquiera podría responder que el sueño norteamericano no incluye Seguridad Social.

El Gobierno ya se ha hecho las cuentas de la vieja: esperan recaudar cerca de 2000 millones en el segundo semestre del año. Eso si la demanda no se resiente. Lo más preocupante es que ya ha contemplado en sus presupuestos esos 2000 millones como si los tuviera en el bolsillo. Eso es realmente lo que nos tiene que preocupar, qué va a pasar si no se consiguen. ¿Más endeudamiento por un tren de gasto que no podemos soportar? Volveremos a pagar dos veces por lo mismo, como se hace normal y tristemente en España, aunque de eso ya hablaremos otro día...


* Puede ser interesante visitar un artículo en El País: "Las verdades y mentiras del IVA" de Lucía Abellán.

3.20.2010

Llamemos a las cosas por su nombre

Aún colea el asesinato del gendarme francés, llenando la agenda de manifiestos y homenajes que, dicho sea de paso, deben hacerse y son necesarios. Recuerdo mi último viaje en tren, en el que la lectura versaba sobre el homenaje que el gobierno ofreció en enero a nueve hombres fallecidos en acto de servicio en 2009, llenando el aire de palabras amables para los familiares de los caídos: "engrandecen nuestra democracia", "han dado su vida para salvar la nuestra"... eufemismos que maquillan la realidad: señores, sus familiares han sido asesinados por algo que ya carece de sentido, porque la opresión al País Vasco como tal, si alguna vez existió, ya no existe salvo en el seno de cuatro cerebros trasnochados. Para eso no hay consuelo posible.

"No hay nada más doloroso que perder a un ser querido" decían... pero dista mucho el sentimiento que embarga a la familia cuando esa muerte ha sido para realmente salvar a otras personas (en las Torres Gemelas, apagando un incendio...) que cuando a TU ser querido le descerrajan un tiro en la nuca simplemente porque hay que hacer daño para que se siga temiendo a ETA. Por mucho que queramos (o quieran) pintar la realidad como algo menos doloroso, hay que enfrentarse al hecho de que no sirve de nada que mueran 9 policías o guardias civiles o un gendarme francés. Así no se avanza, ni en una dirección ni en otra.El gobierno no puede dar un paso atrás y la sociedad tampoco está dispuesta a darlo.

Es fácil llenar páginas y páginas de demagogia. Lo difícil es admitir que quizá la única salida para el conflicto vasco es un referéndum al que se sometan "ambas partes" de manera incondicional de modo que si sale independencia, el País Vasco se constituye en independiente y, por tanto, se olvida de las "ventajas" que supone pertenecer a España, sobre todo de cara a Europa. Asumirá, por tanto, una posible desbandada de las empresas hacia territorio español y su no pertenencia, hasta que se tramite lo contrario, a las instituciones europeas. Dejará de utilizar el Euro como moneda, dejará de percibir cualquier tipo de aportación económica que provenga del Estado y pasará inmediatamente a tener un sistema económico independiente de las arcas nacionales.

Ahora bien, también puede salir un "NO" a la independencia, en cuyo caso un sólo tiro más legitimaría al ejército para entrar en el País Vasco y ocuparlo militarmente en defensa de la unidad de España, reconocida en nuestra Constitución.

Esta idea no es la típica idea que se suela exponer entre amigos ni, mucho menos, en internet. Habrá quien tilde mi opinión de pro-etarra y nada más lejos. Quizá aún haya esperanza para las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que, últimamente, están ganando bastantes pequeñas batallas y deteniendo a quien debe ser detenido.

Ojalá dentro de poco (cuanto menos tiempo mejor) podamos dejar de plantearnos esta serie de interrogantes porque el problema haya desaparecido. Ojalá dentro de poco empecemos a llamar las cosas por su nombre, entendamos que las autonomías son lo más parecido a un sistema federal en el que cada Comunidad Autónoma es casi un pequeño estado (más aún teniendo en cuenta los sucesivos traspasos de competencias).

Un instante

El aeropuerto hervía en actividad esa mañana. A pesar de no contar con unas instalaciones tan extensas como los de otras ciudades, multitud de viajeros transitaban por sus pasillos repletos de prisa y acarreando su equipaje de mano, los abrigos, las tarjetas de embarque apretadas de cualquier manera entre los dedos.

Los altavoces organizaban mágicamente aquel barullo entre amasijos de palabras y números que se agolpaban en distintos idiomas.

Y de pronto, en medio del caos, un insólito remanso de calma. La muchacha descansaba sentada como un piel roja en uno de los bancos de la terminal. Sobre sus rodillas había acomodado un pequeño ordenador portátil y tecleaba sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor aunque, en realidad, tampoco le importaba lo más mínimo...

De pronto levantó la cabeza mientras se le alborotaban los cuatro mechones que sobresalían del recogido improvisado que adornaba su pelo con cierta gracia. Me miró directamente a los ojos, como si supiera que la estaba observando. Una cortés pero tímida sonrisa de medio lado asomó en su cara y, al instante, volvió a centrar su atención en la pantalla del portátil.

Mientras, yo abrí el teclado de mi pequeño ordenador de bolsillo y empecé a teclear todo lo que su mirada me había contado en tan solo un segundo para que aquel sencillo instante en un aeropuerto no muriera...

El nuevo muro de las lamentaciones


El papel impreso da muchas vueltas últimamente a la continua "invasión" de territorios palestinos por parte de Israel, al amparo de la permisividad de la comunidad internacional. Dicha permisividad pone de manifiesto la doble moral imperante en el mal denominado "Primer Mundo", que aplica un rasero distinto en función del conflicto internacional del que se trate. Biden, vicepresidente estadounidense,  declaraba el pasado día 9 de marzo que había que "crear una atmósfera que apoye las negociaciones" y reiteró que "los asentamientos son ilegales ante la ley internacional" mientras Ban-Ki-moon, secretario general de la ONU, sentenció que "van en contra de las obligaciones adquiridas por Israel en la Hoja de Ruta" que marca los puntos básicos del proceso de paz..

Sin embargo, nadie parece tener valor para ponerle las cosas claras al gobierno israelí. Cabría preguntarse incluso por qué esos mismos asentamientos que Biden critica, prohibidos expresamente por el artículo 47 de la Cuarta Convención de Ginebra, siguen creciendo sin que la comunidad internacional haga otra cosa que protestar débilmente.

Tampoco puede pasar inadvertido el hecho de que Obama comenzase su mandato afirmando, tal y como comenta Xavier Batalla en el artículo "Las 3 virtudes de Israel", que, para reanudar el proceso de paz, Israel congelara la extensión de los asentamientos, mientras el estado norteamericano sigue financiando las tropelías israelíes en territorio cisjordano (300.000 colonos) y Jerusalen Este (200.000).

Personalmente, me asombra que un pueblo que conoce bien lo que se sufre ante la persecución a que fueron sometidos hasta 1945 hostigue de ese modo a los palestinos desde 1948.¡Tan sólo tres años después! y llegando al punto en que hay quien califica de limpieza étnica lo sucedido en la Primera Guerra Árabe Israelí. 

Es evidente que palestinos e israelíes tienen sus propios problemas, pero es también probable que una mayor firmeza y un nivel de consecuencia más alto en la definición de las políticas y posturas internacionales ayudaría en la resolución del conflicto. Probablemente, pedir algo como esto sería lo mismo que despojar a las relaciones internacionales de una de sus características principales: la defensa de los intereses propios en el escenario mundial, amenizado por un amplio atrezzo de tiranteces geopolíticas y económicas. No en vano se trata de un juego en el que sus integrantes se autodenominan "actores".
 
Hacer algo más que denunciar que, a las alturas que se encuentra la civilización, no es normal que se construya un muro de contención, como tampoco lo es ocupar un territorio de forma ilegal y silenciosa mediante asentamientos (como si se de la América colonial se tratase), supondría granjearse algunas enemistades. Es demasiado lo que está en juego como para establecer medidas sancionadoras que vayan más allá de la simple condena. Interesa llevarse bien con Israel, más aún si tenemos en cuenta las voces (quizá trasnochadas) que apoyan su inclusión en la UE. Muchos ven en él una puerta hacia el mundo islámico más segura que Turquía, pero es deplorable que dicho interés prevalezca sobre el aplastamiento sistemático de un pueblo.

2.24.2010

¡Al fin rompen el silencio!

Ya empezaba yo a pensar que los sindicatos se habían vendido. El silencio que, día a día, caía como una losa sobre los titulares en la prensa estaba a punto de hacerme perder la esperanza. No podía creer que callasen como si hubieran hecho un curioso pacto de silencio con el gobierno y es que, sin duda, al Partido Popular ya le habrían montado una huelga (o unas cuantas) por la locura desatada con motivo de la crisis, negada hasta la saciedad y el absurdo, que se ha convertido en esa visita indeseable que se apalanca en el sofá de todos los españoles sin que sepamos cómo podemos echarla de casa.

Hoy, en Sevilla, en pleno centro, ¡por fin! han hablado en defensa del trabajador. CCOO y UGT han hecho lo que se supone que deben hacer. De pronto todos estaban en la calle diciéndole al gobierno: señores, si la crisis es fruto del enriquecimiento ilegítimo del sector bancario (entre otras cosas, que no es cuestión de pasarse simplificando), no se puede cargar la solución en los hombros del trabajador para que los botines, los albertos y toda la recua de altos capitales españoles sigan con el mismo ritmo de ganancia.

Hay que ajustarse el cinturón decía el Gobierno, pero se les olvidó señalar que nos lo apretaríamos los de siempre. Mientras los bancos reciben ayudas de la Administración para superar la crisis (de unas arcas que todos llenamos pagando nuestros impuestos con gran esfuerzo), siguen cobrándonos por pestañear (menos mal que ya les van poniendo algunos límites por abusar de los usuarios) y, por supuesto, siguen quejándose por lo poco que ganan, porque nunca es suficiente.

Resulta, finalmente, que el gobierno, que se supone que es de izquierda, ha planteado como solución un importante retroceso en los derechos del trabajador que tantos años y sudor han costado conseguir. Hay que mantener la Seguridad Social trabajando más años. Pero nadie habla de los miles de personas que, sin aportar nada al sustento económico del país, se benefician de sus bondades que son, por otra parte, sus mayores debilidades.

Y mientras, el trabajador sigue pagando... ¡dos veces! Porque de su nómina se le descuenta la seguridad social y, si precisa atención inmediata sin dejarse la vida en los pasillos de un hospital o esperando una operación que llega tres meses después de haber muerto, que no sería el primer paso, paga también un seguro privado que le haga una radiografía urgente que llevar al médico de la seguridad social.

Ya era hora, señores. Porque es escandaloso, casi indecente, que se deje al gabinete de ZP dar palos de ciego y seguir mandando al carajo la economía de nuestro país. Quizá más vale tarde que nunca... aunque no sé si aún quedará algún jirón de piel obrera que defender como sigan durmiéndose en los laureles de esta forma...

12.16.2009

Navidad

En Sevilla llueve poco, pero la ciudad se ensombrece y pierde sus habituales colores de un modo sorprendente para los que normalmente la vemos soleada, alegre... es una ciudad hecha para la eterna primavera.

Hoy las gotas golpean el cristal rabiosamente y, un segundo después, lo acarician con mimo deslizándose suavemente hasta el alféizar de la ventana. La fachada del edificio del otro lado de la calle se tiñe irregularmente de húmedos lunares mientras observo el ritual, atenta desde el sofá. Me gusta ese momento en el que empieza a llover. Las primeras gotas, mitad intrépidas mitad despistadas y, súbitamente, ante el toque de salida del primer trueno, la ira.

Una buena tormenta es una forma estupenda de comenzar el día.  Hasta el perro de mis vecinos parece más tranquilo. Quizá el repiqueteo del agua amanse los nervios que provoca en el animal el hecho de estar solo en casa durante toda la mañana. Hoy el pobre animal no ladra, ni aúlla, ni golpea insistentemente la mampara del baño con sus patitas acosado por la angustia. No se escucha nada salvo la lluvia y eso me aporta un gran sosiego. El mismo que hay en los ojos de la Virgen que, sobre la mesita del distribuidor, mira al Niño Jesús ajena al tiempo en la calle. San José también observa, sereno, al Mesías. Por ellos no pasa el tiempo y la escena se repite año tras año, de estática escayola pero curiosamente llena de vida y esperanza. El nacimiento de un bebé siempre es símbolo de esperanza en el mañana, la voluntad de construir un mundo mejor o de dejar algo de nosotros que recuerde nuestro paso por la vida, el espíritu navideño en esencia.

El aire huele diferente, el ambiente está más cargado de humedad que de costumbre y no hay nadie en la calle. Hace aire y un paraguas se voltea unos metros más allá de mi ventana. Amaina un poco la lluvia, pero la sinfonía de goteos continúa. De fondo, rumor constante, acompañado por el repiqueteo rítmico de los goterones, que caen desde las hojas del árbol hasta el alféizar de la ventana emitiendo un clack regular y grave. La tercera voz la aportan los cristales y la armonía es perfecta.

Mientras, a mi derecha y junto al sofá, nuestro árbol de Navidad estrena su primera mañana lluviosa de este año desde la imponente situación que le hemos dado en el salón. La purpurina roja y dorada salpica sus ramas verdes recién colocadas y algunas campanillas penden sosteniendo un reno o un pequeño osito de peluche. Mariposas, flores de Pascua, brillantes guirnaldas... contrastan con el gris del cielo. Aunque no nieve, como mandan los cánones, y sólo esté lloviendo, en Sevilla también es Navidad.

12.04.2009

Elijo la libertad.

Mientras trasteo en casa escuchando "El Meridiano", un programa de opinión de Canal Sur 2, Carmen Gurruchaga comenta lo siguiente: "Defiendo la propiedad intelectual pero, si me dan a elegir entre propiedad intelectual y libertad, me quedo con la libertad". Creo que no hay mejor tema para empezar a darle vida a este blog.

Distintos medios de comunicación, ya sean escritos o audiovisuales, se hacen eco esta mañana de una parte no poco conflictiva del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible: la que afecta a internet. Hay concentraciones convocadas en distintas localidades, un manifiesto que circula por la red, incluso grupos integrados en las famosas redes sociales que, en seguida, se han puesto en marcha para dejar constancia de su repulsa. José Luis Rodríguez Zapatero ha salido al paso indicando que nadie va a cerrar ninguna página web....


Mientras, me pregunto: ¿para qué, entonces, se provee el Gobierno de las herramientas necesarias para poder hacerlo? ¿Por qué se intenta abrir la puerta a una arbitrariedad de criterio que menoscaba tan seriamente el espíritu de nuestra Constitución? Bonita forma de celebrar su trigésimo primer aniversario.

El revuelo que ha ocasionado este anteproyecto es similar al que se organizó en diversas comunidades internautas y de usuarios con el famoso canon de la SGAE. Teniendo en cuenta que cualquier usuario abona hoy dicho canon, aunque utilice el CD que ha comprado para guardar unas fotografías de sus últimas vacaciones sobre las que él mismo tiene derechos de autor (viva la ironía), vestiré mi pesimismo de gala para atreverme a decir que dudo que el gobierno renuncie a la idea de controlar el "poder" de la red de redes o, al menos, de intentarlo.

Su estrategia ha comenzado ya a ser la de siempre: amansar a las fieras con las palabras del señor Rodríguez Zapatero para después, amparados por vaya usted a saber qué cortina de humo, seguir en sus trece y mutilar la libertad de expresión en favor de un derecho que no es fundamental y que, por tanto y tal y como señala el manifiesto, es secundario en prioridad a la hora de establecer los límites de nuestros derechos y libertades.

Nos dirán que sólo persiguen las páginas de descargas, una excusa un tanto manida ya. Sin embargo, no se trata más que del pretexto para abrir una brecha por la que ir engullendo, sin piedad, el derecho que todos tenemos a decir lo que pensamos, porque calladitos se nos maneja mejor. Tanta Ley de la Memoria Histórica y ahora se les olvida lo que le ha costado a España ese Derecho. Esto es un Gobierno progresista... menos mal...


Quizá sea esta otra manifestación más del precio que paga el Gobierno por el apoyo de no pocos "grandes nombres de la cultura cinematográfica y literaria" de España. Yo, si me dan a elegir, también me quedo con la libertad, igual que Carmen Gurruchaga. Sobre todo, porque es la llave que me permite abrir este blog y expresar mi opinión, y la que os permite a vosotros dejar constancia de la vuestra, sin censura.